El Paseo del Buey en El Pueblito, Corregidora, es una tradición centenaria que combina devoción religiosa y símbolos de prosperidad agrícola. Sin embargo, que algo tenga siglos de existencia no lo hace intocable. Pasear a un buey por calles llenas de ruido y aglomeraciones, amarrado y expuesto al estrés, plantea un cuestionamiento inevitable: ¿la fe y la cultura justifican el sufrimiento de un ser vivo?
La respuesta, desde el punto de vista del bienestar animal, es clara: no. Tradición no es sinónimo de impunidad. Ninguna costumbre puede sostenerse si implica daño innecesario. La verdadera riqueza cultural no está en mantener rituales que lastiman, sino en adaptarlos con conciencia ética.
Existen alternativas: representaciones simbólicas, esculturas o rituales que preserven la identidad y la historia, pero sin convertir al buey en víctima. Mantener el Paseo del Buey como se hacía hace 280 años, simplemente “porque siempre se ha hecho así”, es defender la comodidad del pasado a costa de la vida y el respeto de un animal.
La cultura evoluciona. La tradición auténtica sobrevive cuando respeta a todos los seres vivos, y solo entonces puede celebrarse con orgullo.



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